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Después de los abucheos y la polémica, el vertiginoso Fito Páez presentó un nuevo disco que habla de un renacer

Fito Páez no da respiro. Aún resuenan los ecos de su cuarta presentación en el Movistar Arena, donde interpretó íntegro su penúltimo disco, *Novela*, generando molestias en un público que sólo quería escuchar sus éxitos. Sin embargo, ya lanzó su nuevo álbum, *Shine*, estrenado el jueves 21 de mayo y disponible en todas las plataformas. Ante quienes prefieren sus temas clásicos, Páez responde ofreciéndoles su corazón a través de canciones nuevas. “Bancate ese defecto”, podría decirle Charly García.

Después de los abucheos y la polémica, el vertiginoso Fito Páez presentó un nuevo disco que habla de un renacer

Es imposible que un artista con más de cuatro décadas como solista, más una quinta década que incluye sus comienzos en Rosario y su paso por las bandas de Juan Carlos Baglietto y Charly García, no mantenga una identidad propia e inconfundible.

Su estilo, intereses, evolución y diversiones conforman una unidad anárquica pero inquebrantable; a lo largo del tiempo, Páez ha sido absolutamente fiel a sí mismo, algo que nadie puede cuestionar.

La calidad de sus treinta discos, según cómo se contabilice, puede ser motivo de debate. Pero en semejante producción, ningún autor permanece estático. Menos él, que desde la edición de *La Conquista del Espacio* (2020) ha generado seis álbumes de música nueva, emulando aquella época dorada en que un artista renovaba sus laureles anualmente. Esta fiebre creativa parece ser marca registrada en Rosario, donde otro incansable creador es Litto Nebbia, coterráneo e influencia para Páez. Mientras tanto, la mayoría de los músicos se toma más tiempo.

Según explicó Páez durante la escucha para prensa, *Shine* es un disco sobre el renacer, el feliz resultado de una situación desgraciada. “Estaba terminando *Novela* en Madrid —relató—, y una mañana me caí por una escalera: once fracturas en nueve costillas, quedé al borde de la muerte. Fue un mes de internación, con opiáceos, desde fentanilo hacia abajo. Ahora suena gracioso, pero no lo fue”.

Ese episodio ayuda a entender por qué *Shine* suena lisérgico, ligeramente psicodélico y con cierto aire a Pink Floyd.

El álbum inicia con un motivo delicado en piano, dividido en tres partes que sirven como marco a su nuevo material, titulado *Hablame*. El icónico disco *El lado oscuro de la luna* también comenzaba con un collage sonoro llamado “Hablame”. Hay algo en el piano de Fito que recuerda al toque cristalino de Rick Wright, el fallecido tecladista de Pink Floyd, aunque quizá sea efecto de la medicación. Lo que sigue es más confuso, como probablemente fue el despertar de “Girl T.Rex”, una tía glamorosa y funky de la protagonista de “Polaroid de locura ordinaria”, segunda canción del álbum.

*Shine* es, además de título del disco, una canción en la que Páez desafía desde el amor y la paz, pasando luego al ataque. Recuerda a Discépolo y su célebre “el mundo fue y será una porquería”, para luego expresar nostalgia por aquel mundo “dado vuelta desesperadamente feliz”. Esta contradicción, lejos de ser negativa, es un ingrediente esencial para un artista; lo que muchos parecen no entender es que Fito Páez es un verdadero artista, con sus cumbres y abismos, como todos.

La canción *Shine* es un rock crítico y combativo. “¡A la mierda con el flow y los bits!”, canta, en un claro rechazo a la pobreza estética del trap y géneros afines; exhorta a “escapate, el barrio no es para ti”, dejando atrás la postal idealizada del suburbio y sus rituales; y sentencia “contra el imperio zombie, la resistencia zulú”, dejando abierta la posición ideológica de cada oyente.

En un momento donde predomina la corrección política y muchos músicos buscan el aplauso de la industria mediante colaboraciones oportunistas, Fito Páez patea el tablero de propios y extraños. Si el mundo puede resumirse en una canción, este nuevo mundo del autor rosarino cabe perfectamente en esta.

No todo el disco es protesta o reclamo. En temas como “Planeta azul” destaca la belleza plácida y espacial —una especialidad floydiana— con un pulso folclórico digital, mientras que “Universo”, dedicada a su amigo fallecido, el músico cubano Pablo Milanés, se presenta como un portal al más allá, donde Páez despliega su poesía estelar hablando de “resplandor” —¿un guiño a la película de Kubrick?— y renacer, otro hilo conductor del disco.

Convive con esta calma la dramática “Prueba de amor”, que recrea clásicos por partida doble: Romeo y Julieta y el clásico de fútbol Rosario Central vs. Newell’s Old Boys, una tragedia barrabrava en clave shakesperiana. Esta intensa canción es un buen preludio para “Río místico”, cuyo coro evoca un aire gospel en esta reflexión existencial.

Además de la excelente banda que acompaña a Páez, Sofía Gala desempeña un papel importante en el disco. Por error, Fito le envió una llamada perdida en la que ella escuchó la palabra “Hablame”, lo que encendió su imaginación y se tradujo en un instrumental dividido en tres partes. “Ese ‘Hablame’ —explicó— tenía humor, era todo, una orden, una sentencia. Todo eso me intrigó, y como forma parte de nuestro vínculo,

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