
El jueves, poco antes de las 11 de la mañana, Javier Milei caminaba desde la Casa Rosada hacia la Catedral Metropolitana acompañado por varios ministros y colaboradores de primera línea de su gobierno, cuando repentinamente decidió modificar los planes de todo su equipo: «Después del Tedeum, ¿se quedan un ratito para contarles lo que estoy trabajando con Toto Caputo, Sturzenegger y Bausili?».

Resultaba difícil negarse. Algunos debieron suspender almuerzos, mientras otros avisaron que llegarían tarde a sus encuentros sociales organizados por el feriado del 9 de Julio. Milei quería hablar sobre la reforma a la Carta Orgánica del Banco Central, un proyecto que considera trascendente y que vislumbra como parte de su legado, aunque a la vez implica sepultar su promesa de campaña de cerrar el organismo. La iniciativa legislativa busca eliminar por completo el financiamiento del Tesoro y contempla penas de prisión, además de la imprescriptibilidad del delito, para los funcionarios que avalen la emisión monetaria.
Así lo expuso ante el gabinete en una reunión de poco más de una hora, sin interrupciones, salvo algunas pausas autoinfligidas por el presidente, quizás para romper el estado de tedio que reflejaban algunos funcionarios.
«Ahora estoy puteando menos, ¿vieron? —dijo—. Creo que no voy a putear más, así ustedes pueden hacer bien su trabajo. ¡Mirá lo que están haciendo conmigo, Colorado!».
Diego Santilli esbozó una risa contenida, incómodo ante las miradas que se posaron en él. Era el primer elogio que Milei le dirigía desde que asumió la Jefatura de Gabinete. Un proverbio libertario señala que, con Milei, a veces es mejor pasar inadvertido, pues sus muestras de afecto pueden convertirse en condenas al día siguiente. En dos años y siete meses, esta gestión ya consumió a tres coordinadores de ministerios, a pesar de que se suponía que los tres eran amigos del presidente.
Mientras Santilli sonreía, el resto de los ministros, que hasta hace poco casi presumían de los improperios presidenciales, esta vez aplaudían. La escena duró pocos segundos, suficientes para instalar la idea de que Milei ya piensa en 2027 y está dispuesto a hacer lo necesario para obtener la reelección. ¿Regresa un Milei menos intransigente? ¿Un Milei capaz de sublimar sus impulsos por un interés mayor?
Lo ha logrado en otras ocasiones, aunque siempre de manera efímera. La última vez fue tras la derrota legislativa bonaerense que antecedió a la contienda nacional, cuando anunció que dejaría de insultar para no dar excusas a sus opositores. «Con Javier nunca se sabe, pero hoy lo vemos más tranquilo. La salida de Adorni le sacó un peso de encima», confía uno de los integrantes del equipo digital que trabaja para la reelección.
El primer mandatario dejó en manos de Karina la construcción del proyecto electoral. La secretaria general de la Presidencia, alineada con su hermano, también muestra pragmatismo. Lo que antes era una mala palabra, hoy ya no lo es: la alianza con gobernadores afines podría avanzar siempre que se fortalezca primero el proyecto reeleccionista de La Libertad Avanza.
Karina abandonó el plan del año pasado de presentar un candidato a gobernador en cada provincia y optó por sentarse a negociar para acelerar las reformas en el Congreso. Solo le resta reconciliarse con Santiago Caputo, quien propuso esa estrategia antes, aunque la relación entre ellos sigue congelada. Es trabajo extra para Santilli, quien debe lidiar con ambos sectores mientras se reúne con los mandatarios provinciales para transmitir que la era del purismo llegó a su fin. Se despiden así los tiempos de Posse, Adorni y quienes soñaban con jubilar a la casta política.
Tres figuras vinculadas a la política tradicional —Santilli, Martín Menem y Patricia Bullrich— trabajan para eliminar o suspender las PASO, aunque enfrentan resistencia interna y externa. Ante ello, el gobierno analiza incorporar el sistema de colectoras, que permite habilitar listas distintas bajo una misma fórmula presidencial. Un homenaje tardío a Néstor Kirchner, quien aprovechó un vacío legal del Código Electoral para atraer votos transversales desde el peronismo ortodoxo y la UCR hasta el Partido Comunista.
Los estrategas de campaña de Milei consideran que, dadas las circunstancias actuales, sería riesgoso ir a un balotaje. Incluso contemplan, a diferencia de lo expresado por Luis Caputo, la posibilidad de perder ante Axel Kicillof. La situación podría agravarse si surgiera un outsider competitivo o un peronista capaz de unificar buena parte de la oposición. La apuesta es ganar en primera vuelta, es decir, conseguir el 45% de los votos totales o al menos el 40% con una diferencia mayor a 10 puntos sobre el rival más cercano.
En esta estrategia de alianzas, la mayor incertidumbre gira en torno a la Ciudad de Buenos Aires. Algunos sectores intentan mostrar una incipiente convergencia entre el PRO y La Libertad Avanza, aunque por ahora no hay nada concreto. Karina tiene serias dudas. Por precaución, Jorge Macri ya anunció con mucha anticipación que buscará la reelección.
Los movimientos del alcalde son observados con atención redoblada: por un lado, los libertarios, que propinaron la derrota más dura en la historia del PRO el año pasado y que hasta el escándalo Adorni planeaban arrebatarle el poder mediante el exjefe de Gabinete; por otro,
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